viernes, 16 de mayo de 2014

ELECCIONES, WIKIPEDIA, LOS CIENTO Y LA MADRE

Profesor, amigos, compañeros y gente que me visita de por ahí, quizá esta sea la primera vez en todo el tiempo que tengo este blog que hago una búsqueda del tema a tratar: las Elecciones al Parlamento Europeo del 25 de Mayo. Y es que mis conocimientos en política son, no diré nulos, pero escasos. He intentado aprender, creedme, pero algo me impide recordar todo lo relacionado con el tema y, puesto que tengo que decir por qué sí o no votaría y por qué sí o no me interesa, ¿qué mejor excusa para decantarse por el "no" que alegar que se me olvida todo lo que aprendo en cuestión de poco tiempo? Pues, sinceramente, no hay excusa peor.

Durante mi búsqueda, he encontrado cosas interesantes, sí, no diré de qué partidos (que, como deduciréis, de pocos me acuerdo ya). Lo más sorprendente es que quizá de todos hubiera algo que llamara mi atención y me gustara, no sabría elegir uno por preferencia. ¿Y por qué es sorprendente?, os preguntaréis. Pues por el hecho de que, después de elegir un partido, la decadencia suele persistir (por estos lares, al menos); inmediatamente, la gente se manifiesta y se opone a que esas personas nos representen, y surgen nuevos partidos políticos en la oscuridad y, en cambio, seguimos eligiendo a los mismos que ya nos engañaron una vez -o varias- con su retórica. Y esto da qué pensar; nos hace pensar que alguno miente, que a la gente le puede el poder, que todos ellos prometen cosas que, en el fondo, saben que difícilmente podrán cumplir. Aunque no os estoy desvelando nada nuevo. Así que ahora tengo yo una pregunta para vosotros: si ni siquiera ellos saben lo que van a ser capaces de ofrecer al pueblo, a nosotros, ¿cómo vamos a ser nosotros capaces de elegir a quien nos represente, a uno de ellos? Miramos sus caras, expectantes, y pensamos "este o esta parece buena persona, quiero que me represente", y luego es un completo desastre. Y nos arrepentimos. Y lloramos por tener que esperar años hasta poder cambiar nuestra decisión. Y pensamos "debí elegir a tal, parecía tener las cosas más claras". Pero, ¿y si hubiéramos elegido a ese "tal"? ¿Acaso las cosas hubieran ido mejor? No, señores, porque ellos mienten, porque les puede el poder, porque prometen cosas que no podrán cumplir.

El caso es que os cuento todo esto desde mi profunda inexperiencia, pudiendo estar equivocada -o no-, aunque tampoco creo que vaya a ser yo la que cambie las cosas y os lleve por el buen camino. Y es por esto que, por un tiempo, me abstendré de votar, por lo menos hasta tener las ideas un poco más claras -u opciones de las cuales se haya comprobado su fiabilidad-.

Sin más dilación, buenas noches (o la hora a la que lo leáis) y buena suerte -decidiendo nuestro futuro-.

sábado, 22 de marzo de 2014

RAMAS A TUTIPLÉN

Aquí en España, a la "tierna" edad de trece o catorce años, nos proponen elegir una vía u otra para encarrilar nuestra vida a partir de los estudios. Cada uno de estos planes se basa en distintas asignaturas, y ahora he de explicar, dentro de lo que yo estudio, qué me gusta, qué no y por qué.

Como -supongo- la mayoría, tengo en mente distintos planes de futuro, sean más o menos realistas, que, aunque este artículo trate sobre mí y mis preferencias en los estudios, no os voy a contar -y que tampoco creo que os interesen-. Os contaré únicamente de lo que trata mi itinerario y por qué me gusta (sí, me gusta, por algo lo escogí).

Que yo recuerde, siempre he tenido predilección por las matemáticas y cierta aversión hacia las letras (no hacia todo, por supuesto), por lo tanto estaba claro que me iba a ir por ciencias. A su vez, siempre me ha gustado dibujar y, aunque Biología en tercero resultó fácil e interesante, el hecho de pensar que habría de estudiar 'bichos', enfermedades y demás no me hacía gracia (aunque CMC no sea del todo distinto). Por lo tanto, he aquí mi elección: Ciencias y Tecnología, por la rama de Dibujo Técnico. Ya que he nombrado la asignatura de CMC (Ciencias del Mundo Contemporáneo), empezaré por ahí. Ésta es una asignatura común a todos los itinerarios, por lo que ni siquiera la gente de letras, que por alguna razón se habrá ido de ciencias, se libra de ella. Con respecto a mí, supongo que es una asignatura interesante, el tema del Universo fue fascinante. En cambio, como ya he dicho, lo de estudiar enfermedades no es para mí; así que deseadme suerte, que en unos meses la necesitaré.

Seguiré con el resto de asignaturas comunes a todos: Lengua y Literatura, Filosofía, Inglés y Educación Física. Empezaremos, pues, con Lengua y Literatura. Esta asignatura está, obviamente, más ligada con los itinerarios de letras pero, al ser cultura general, es común para todos. Y a mí lo que me gusta de ella es, precisamente, lo que no tiene que ver con la cultura general y que mucha gente odia porque no le ven utilidad: la sintaxis. Y el caso es que quizá me guste porque son unas reglas fijas, automáticas y comunes para todos, al contrario que la Literatura, donde en el análisis de textos cada persona tiene una idea distinta y la mía, casualmente, suele ser siempre errónea. Por cosas como ésta -a causa de la horrible comprensión lectora que considero tener- y que la Literatura me resulta un poco pesada (aunque admito que a veces encuentro cosas interesantes), la asignatura no es una de mis predilectas. La siguiente es Filosofía, la cual aun siendo interesante y productiva consigue enmarañarme los pensamientos de gran manera con todas las teorías que existen para cada tema. Seguimos con Inglés, hacia la que no tengo ninguna objeción, puesto que, aunque los idiomas sean más de letras, me gustan en general, y considero esta asignatura una de mis favoritas. Por último está Educación Física; sí, el deporte es cansado y soy una de las personas a las que más cansa de por aquí, pero esto no significa que no me guste, claro que hay muchas cosas que hacemos que me gustan. No es mi culpa resultar patética al realizar la mayoría de las actividades físicas que propone la asignatura. Lo juro.

Y ahora me quedan las asignaturas que conforman mi itinerario (junto con la optativa) y que, por lo tanto, me tendrían que gustar: Matemáticas, Física y Química, Dibujo Técnico y Ampliación de Inglés. Como ya he dicho, siempre me han gustado las matemáticas, así que ¿para qué pararme a decir lo mismo otra vez? Comencemos con Física y Química: esta asignatura se divide en dos partes, luego hablaré de cada una por separado. Si quiero hacer algo relacionado con el Dibujo Técnico, la Física es esencial -mayoritariamente- y, aunque al principio resulte confusa, con el tiempo se coge el ritmo y sale fácil (repito, con el tiempo). La considero una asignatura neutra, que ni me emociona ni me disgusta. Por otra parte, este año he comenzado pensando que prefería la Química porque me gusta la formulación, hasta que recordé que había más cosas que formulación igual de confusas -pero comprensibles- que en Física, por lo que también la considero neutra. La siguiente asignatura es Dibujo Técnico, asignatura central en mi itinerario, así que obviamente me interesa y me gusta. Y finalmente tengo Ampliación de Inglés, la cual no ha resultado exactamente como yo pensé que sería, pero puede resultar útil.

Éstas son mis asignaturas en su totalidad con una breve opinión sobre cada una. Si os digo la verdad, no sé a cuento de qué viene este artículo, quizá debamos conocernos más y saber si estamos en el itinerario correcto con respecto a nuestros gustos y posibilidades. Así que, helo aquí (qué bonito es explayarse).

sábado, 8 de marzo de 2014

"Tienes un 'no sé qué' y un 'qué sé yo'..." QUE YA NO SÉ NI LO QUE ES

Si bien mucha gente afirma que tenemos algo, eso que nos hace transmitir lo que transmitimos, alma, otra tanta concluye con que no son más que cavilaciones y que no hay nada más que un cuerpo que nos defina. Y, si en tanto tiempo no han llegado a una conclusión, me gustaría saber qué hago yo proponiendo cualquier teoría -todo sea por difundir mi inexistente sabiduría-.

Bueno, ¿y ahora qué? ¿Hay alma o no hay alma? Venga, ¡hay alma! Hay alma. ¿Por qué? Resulta difícil llegar a ninguna conclusión, por lo que me basaré en algún que otro ejemplo que consiga sacarme del paso.

Una característica del ser humano, el único -supuesto- ser vivo con alma, es la gran expresividad de algo tan pequeño como pueden ser nuestros ojos. La mirada, más bien. ¿Habéis mirado alguna vez a alguien y habéis sabido lo que piensa o cómo se siente? ¿Habéis tenido alguna vez una "conversación" con la mirada, de ésas en las que el propósito es evitar decir nada porque, quizá, el momento lo impida? Claro, todos hemos sabido cosas de ésas o tenido conversaciones así. Y la única razón que se me ocurre para esto es que de verdad haya algo que transmita más de lo que lo material puede llegar a transmitir. ¿Acaso sabéis cómo se sienten un pez o una iguana al mirarlos a los ojos? Si lo sabéis, siento deciros que estáis un tanto equivocados. Y el caso es que puedo ser yo la equivocada y tal vez haya quien venga y me rebata el argumento diciendo algo como "esto de la mirada es por tal y Pascual". Puede, aunque resulta plausible.

¡Más ejemplos! Si alguna vez habéis estado en alguna actuación de cualquier cosa, ya sea de teatro o baile o canto -o incluso si sólo estáis leyendo-, lo que se os pueda llegar a ocurrir, os habréis dado cuenta de que la principal finalidad es emocionar a la gente, que sientan lo que siente la otra persona en cuestión. Pongamos que lo consiguen. ¿Sabéis esa cara de estar en Babia que se le queda a uno cuando está tan pendiente de algo, y lo siente de tal manera, que ni siquiera se da cuenta de lo estúpido que parece con la boca abierta? Supongo que todos hemos experimentado eso alguna vez. Y, si no lo habéis hecho, ya estáis tardando. Y en ese momento no piensas, tu mente se ha evadido; así que, por lo que a mí respecta, algo que no es el cuerpo es lo que se encarga de que muestres tus verdaderas emociones y quedes ridículo ante los demás. Pero una ridiculez bonita, eh, que significa que la actuación ha conseguido su cometido. Y, a su vez, algo ha de haber para que esa gente haya conseguido transmitir sus emociones.

Es por todas estas cosas que sí, pienso que hay algo, y que ese algo es el alma.

Por último, aclararé lo del supuesto único ser vivo con alma (en el primer ejemplo), y es que no creo que los monos antes de evolucionar conversaran con la mirada, siendo capaces dos de entenderse sin que el resto se enterara, o se transmitieran emociones unos a otros. Y luego evolucionaron. Y lo consiguieron. ¿Por qué no fue algún otro animal el que llegó hasta donde estamos nosotros ahora? E imaginemos que hubiera sido otro animal. Sería, pues, ese nuevo ser el que tuviera ese algo, ese alma. Por lo tanto, ¿y si todos los animales tienen alma, por muy oculta que esté? Hala, cobardes, atreveos a responderme (aunque tampoco hace falta... Era por adornar el final).

sábado, 8 de febrero de 2014

¡RECOMPENSAS PARA TODOS (y otras ideas que no funcionan)!

La mayoría de la gente que suspende tiende a echarle la culpa al profesor o a la profesora. Pues bien, habremos entonces de buscar algún método infalible para enseñar y que así la culpa no vuelva a ser de quien enseña, y, por lo tanto, nadie suspenda -si de verdad el fallo es de otros-.

Para buscar la manera más eficaz, nos basaremos en los distintos factores que afectan al aprendizaje. Comenzaremos tratando el conductismo: obtener una recompensa por hacer algo bien, en este caso, sacar buenas notas por estudiar. Empecemos.

Puesto que siempre la última recompensa ha sido aprobar y/o sacar buena nota y, en cambio, la gente sigue suspendiendo, deberíamos haber sospechado desde hace tiempo que esa no es motivación suficiente para muchas de las personas. Que lo debería ser. Pero no lo es. Y aquí estamos para que aprueben todos, así que a buscar más técnicas y más premios que saquen adelante a esta sociedad. Por lo tanto, si aprobar no es la recompensa, ¿qué lo es? Antes de llegar a ninguna conclusión, desengañaos, a la mayoría ya no nos mueve eso de "venga, ¡a quien salga le pongo un positivo!". Ya no hay gritos de euforia, si es lo que esperabais. Y no funciona porque es voluntario, porque nos volvemos cada vez más sedentarios y conformistas. Y si no funciona por ser voluntario, habrá que hacer algo que sea obligatorio. Y aquí encontramos los negativos y las notas de clase. No tendrían por qué ser diarios, claro, a ver quién aguanta preguntar a treinta y pico alumnos salvajes día sí, día también. Por el contrario, esto sí condiciona a tener todavía peor nota si no se hace lo mandado. ¿Y por qué habría de funcionar esto y no el hecho de suspender la asignatura directamente? Quién sabe, el caso es que funciona. Quizá decir en alto que se ha hecho algo mal intimide más.

Otra recompensa que no funciona es ceder ante los alumnos. Si cedéis una vez, ¿por qué no vais a ceder otras treinta? Y eso nosotros lo sabemos. Y eso vosotros lo sabéis. Y, si cedéis, está claro que no vamos a llegar a ninguna parte. Pero cuidado, que esto no es el ejército, y gritar nos alienta todavía menos. Para ello deberíamos buscar un punto medio, y aquí entra la imitación. Si se realiza una clase amena -que no cede ante ningún alumno- y se consigue una forma de enganchar a la clase, todo el mundo acabará interesado sin ningún motivo para intentar cortar la lección. ¿Y cómo se engancha a la clase?, os preguntaréis. No es tarea fácil, primer aviso. Segundo aviso, si veis demasiadas caras de tedio entre la multitud, habría que replantearse cambiar el método. Seguidamente, no se ha de agobiar o avasallar a los alumnos con preguntas, dudas, ejercicios, temario, más preguntas, más dudas, más ejercicios, más temario y más dudas que serán demasiadas como para seguir intentando buscarles respuesta. Y, finalmente, habrá que dar clase, que ha habido demasiados casos en los que el profesor o la profesora se ha ido por ramas que nada tenían que ver.

Para finalizar, siguiendo el método constructivo, la mejor forma de recordar lo que se da en clase sería a través de una forma significativa, es decir, explicando cada tema relacionándolo con algo con lo que estemos más familiarizados, ya que supongo que a nadie le gusta que le cuenten todo lo que ha de saber de seguido, que tenga que apuntarlo todo a la vez que explican eso y más, y luego como añadido tener que aprendérselo teniendo como único recuerdo lo monótono que fue ese día -que sí, que a clase no se va a montar fiestas, pero tened un poco de piedad-.

En conclusión, necesitamos una clase amena que, indirectamente, nos obligue a hacer nuestro trabajo y que, de alguna forma u otra, relacionemos con otras cosas que consigan que enganchemos más fácilmente lo que se ha enseñado.

Sea como fuere, todos sabemos que, si la gente no tiene ganas de por sí de aprender, nadie les hará cambiar de opinión. Por consiguiente, a lo mejor todo esto no sirve para mucho. Pero bueno, yo, por si acaso, lo intento.

lunes, 18 de noviembre de 2013

FELICIDAD II: EL RETORNO (a lo Batman)

De nuevo, se ha de reflexionar sobre la felicidad. Recordemos las conclusiones del artículo anterior: no hay una felicidad predeterminada para todos, nuestra felicidad no depende sólo de nosotros mismos, sino también del entorno que nos rodea, y la felicidad perfecta resulta inexistente. En cambio, ahora trataremos la felicidad como algo abstracto (tal y como es, basada sólo en el pensamiento y no en cualquier elemento material) y -supuestamente- alcanzable.

"¿Es preferente el pensamiento racional o el pensamiento mítico? ¿Qué me hará más feliz? ¿Sólo uno de ellos podrá hacerme feliz o quizá ambos me aporten cosas diferentes con las que conseguir aumentar mi felicidad? ¿Y si, por el contrario, ninguno de los dos me hace feliz? ¿Seré más feliz si reflexiono o reflexionaré mejor siendo más feliz?" Éstas son las cuestiones propuestas que he de plantear y hemos de reflexionar. Comencemos, pues.

Ambos pensamientos pretenden que consigamos comprender el mundo: qué ocurre y por qué se dan esos hechos. En cambio, lo pretenden de formas un tanto diferentes; mientras que el pensamiento mítico explica basándose en un mundo trascendental y no usa razonamiento alguno, el pensamiento racional explica de forma argumentada el mundo inmanente con hechos que se dan en este mismo mundo. A mi parecer -y, por lo tanto, sin afirmar que sea cierto-, con los dos pensamientos podemos llegar a ser felices, puesto que, si el problema que nos carcomía (el comprender la realidad) se ha solucionado de cualquiera de las dos formas, podremos estar en paz. Supongo que todos pensáis que lo más lógico es vivir del pensamiento racional, que es lo que nos puede hacer más felices, ya que es la manera más razonable de entender las cosas; por el contrario, imaginaos que todo lo que nos cuentan, en realidad -y viva la redundancia-, es mentira. ¿Qué pasaría entonces? ¿Qué pasaría si, ciertamente, todo lo que sabemos es sólo algo (cuentos únicamente un poco más enrevesados que las historias trascendentales) que nos han inculcado para intentar comprender una realidad incomprensible? No podemos asegurar que el raciocinio sea más válido porque, al igual que pensamos que los mitos son un sinsentido, aquéllos que creen en mitos pueden pensar lo mismo de la razón. Por lo tanto, ambos pensamientos te pueden ayudar a ser feliz siempre y cuando te faciliten la comprensión del mundo.

(Nota: no, no pienso que nos estén engañando, tan sólo me procuraba apoyar en la ejemplificación. Yo también confío en el pensamiento racional.)

Finalmente, nos hemos de cuestionar si la reflexión nos lleva a algún lado. Podría afirmar que todos reflexionamos alguna que otra vez en la vida, ya sea sobre temas banales o temas totalmente complejos sobre los que no delibera todo el mundo. Es decir, seas feliz o no, vas a reflexionar (confío en que nadie tenga en verdad la mente en blanco). En cambio, la constante reflexión sobre distintos temas, por feliz que te pueda hacer, puede enmarañarte completamente la cabeza de problemas a los que no les encuentras solución. Así que, quizá, sea conveniente descansar de cuando en cuando de toda esta especulación.

Volviendo al principio, recordemos que la felicidad era tratada como algo supuestamente alcanzable. Por lo tanto, lectores ingenuos, volvamos a la realidad -y, esta vez, a la verdadera- y reconozcamos que, por muy cerca que veamos la felicidad, ésta siempre resultará un tanto escurridiza.

sábado, 26 de octubre de 2013

TODO TIENE SU PORQUÉ

No hay nadie en este mundo que no haya pasado por esa etapa de su vida (o que no la vaya a pasar) en la que, al preguntarle acerca de por qué hace ciertas acciones en su vida diaria, no haya respondido con un "no sé". Esos niños que están sentados... callados... tranquilos... que te miran con una sonrisa bondadosa... que simulan no planear nada... Sí, esos son los que "no saben nada". En la mayoría de los casos, eso del "no sé" llega hasta la adolescencia, pero, en la etapa adulta, todos esperamos haber madurado más que eso.

"Y ¿a qué viene todo esto?", os preguntaréis con ansia (y aunque así no sea, seguid leyendo. Por caridad, al menos). Pues bien, todo esto nos lleva a una de las preguntas más comunes en esta vida que, hasta que no te la formulan, obviabas su existencia: "¿y tú por qué estudias?".

La primera vez que se espera que una persona oiga esa pregunta es esa vez en la que, nada más comprenderla, levanta las manitas, se encoje de hombros, pone carita inocente y suelta un dulce "no sé". Volvemos a los niños que "no saben nada". Si bien, no todos contestan eso, hay algunos que se lo curran y contestan que los han traído sus madres. O padres. O quien sea que os llevara al colegio. Esta segunda opción, con el paso del tiempo, se transformará en el conocido "porque me obligan", que será utilizado por la mayoría hasta mediados de la educación secundaria (así, a ojo).

Supongo que la respuesta más acertada llega cuando ya se adquiere mayor grado de madurez y uno responde "para tener un trabajo". Quizá haya quien piense que estudia para tener una formación y cierta cultura, pero la gente prefiere seguir siempre el mismo patrón. Porque, sí, es verdad, cuanto más estudies, a mejor trabajo podrás optar y mejor vida podrás tener (se rumorea. Luego está el fenómeno del famoso, donde te encuentras a mucho burro suelto). Así que estamos de acuerdo en que la conclusión final de los estudiantes es que van a las clases (lo de estudiar ya parece opcional) para optar a un futuro mejor.

Busquemos más a fondo entre toda esta maraña de excusas: ya hemos conseguido saber por qué la gente (con suerte) estudia, pero ¿por qué deberíamos estudiar? He aquí mi conclusión: -tras haber sido obligados durante años- por mero deseo de tener conocimientos. Claro está que, por mucho que ésa sea la razón del estudio, siempre hay un tanto por ciento de las clases en las que la mente se disipa y comienza a enunciar cuestiones tales como "¿qué haré esta tarde?" o "¿qué habrá hoy de comer?" (porque, venga, no creo ser la única a la que le entra el hambre cuando el tedio gana). Pero, aunque no piense que el hecho de querer adquirir conocimientos sea la razón que empuje a la mayoría, sí pienso que debería ser una de las principales razones, nadie sabe cuántos temas fascinantes se estará perdiendo.

Así que ya sabéis, promoved la especulación (sana. Sálvame, no. Wikipedia).

martes, 22 de octubre de 2013

CATALUNYA ES TRASLLADA (que se muda, vamos)

El otro día vi un programa en el que se enfrentaban dos familias un tanto diferentes: una familia española, nacionalista y cristiana, y una familia catalana, independentista y homosexual (de primeras, todos vemos la guerra que se avecinaba por momentos). Pues bien, no diré estar en contra de la independencia catalana, supongo que ya son mayores para hacer lo que quieran. Es más, mirad a la pequeña Andorra, entre dos importantes países, tan pequeña y sin completa cabida en la Unión Europea... Pero ahí está, y ahí va a seguir. Y hablan catalán. Oye, y ¿quién nos dice que Cataluña no se separa para aliarse con Andorra? Bueno, cabe como posibilidad. Lo iremos debatiendo.

A lo que iba: no estoy en contra de la independencia; si se mantienen como Estado, pues mira qué bien. Lo que no es plausible es una guerra entre ambas partes (España y Cataluña), que ya bastantes problemas hay aquí como para buscarnos más; no admitiría confrontaciones por parte de Cataluña por creerse mejor y por eso irse, ni de España por creerse "lo más" y obligarlos a quedarse (lo cual fue lo que me transmitió el programa ya mencionado). Porque, presumir, ¿de qué? Hay crisis, hay paro, hay bajos salarios, hay huelgas, hay políticos -quizá me habría de abstener de decir "incompetentes"- incompetentes, etc. Pero, bueno, hay tortilla... y paella... No está mal. Aquí, el que presume, presume de lo que quiere.

Finalmente, concluiré decidiendo estar a favor de la independencia catalana (y luego ya ellos que se apañen), siempre y cuando no haya disputas que nos acarreen más dolor de cabeza, que ya bastante tenemos con lo que hay.