jueves, 25 de febrero de 2016

COGITO ERGO SUM (y al revés, también)

Sí, he vuelto. No sé si este es el primer artículo de otros muchos o simplemente un artículo que de repente me ha apetecido escribir. Y es que hace unas horas he tenido una larga charla de vuelta a casa que me ha hecho ser más consciente de algo que ya sabía, que me ha hecho pensar en que tengo que hacer algo. Así que aquí estoy, a ver si sirve. Que yo, al dejar de escribir aquí, pensé en volver, que no os digo que no, pero pensaba a la par: "¿de verdad les importa lo que tenga que decir?", y os importe o no, yo creo que lo de ahora es relevante, así que, ya que estáis, lo leéis (o no, bueno, según veáis).

El caso, que me voy del tema (y lo echabais de menos, que lo sé), es que la cuestión que quiero abordar es el tan comentado asunto de la abolición de la asignatura de Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato. Yo la tuve que estudiar y, a diferencia de lo que me temía, fue fantástica. Claro está, contribuyó el hecho de que el profesor mostraba la asignatura de forma amena y comprensible, desde la curiosidad incluso, procurando, no solo que el estudiarla fuera fácil, sino que nos entretuviese y fascinase. Y vaya, lo consiguió. Que yo, ahora en la carrera (de Ciencias puras, que no se diga), sigo hablando de lo que aprendí, sigo mencionando autores y sigo buscando similitudes entre lo que hablamos cotidianamente y lo que dijo tal autor de aquella época sobre un cierto tema (qué bien concreto). Porque, lo creáis o no, hay Filosofía a nuestro alrededor.

Os contaré que yo hace unos años comencé a pensar en el porqué de ciertas cosas, por qué soy como soy, por qué actúo como actúo y por qué las cosas evolucionan así como lo hacen. Y yo, en pensando, comencé a crearme teorías. Teorías para mí, vaya, para intentar entender las cosas de algún modo y, por qué no, para mantener alguna conversación interesante de vez en cuando. Y un día, llegó 2º de Bachillerato. Es un curso en el que no es extraño pensar que va a ser un año duro y que lo importante es sacar las mejores notas posibles en aras a nuestro futuro académico y/o laboral, llegándonos incluso a olvidar, a veces (solo a veces), de aprender durante el camino. Y ahí estaba yo, en Historia de la Filosofía. Me parecía una asignatura interesante, conocías y llegabas a comprender distintos puntos de vista; sin embargo, si bien unas ideas te podían gustar más y otras menos, quizá no llegabas a un punto en el que te consiguieses identificar con alguna mentalidad en concreto. Y entonces, llegó la hora de estudiar su pensamiento. El pensamiento de don José Ortega y Gasset. Que yo, así de repente, me quedé atónita. Y es que, tras casi un curso entero, instantáneamente me sentí identificada con su filosofía (con lo que dimos en el temario, vaya, que a mí aún me queda por leer). Fue una sensación extraña, que no mala, gratificante, que de repente había conseguido sentirme identificada con el pensamiento de un autor. Que, después de unos años con cierto pensamiento que surgió de un mero intento de comprensión, encontré un pensamiento similar al mío. Ya no era yo sola, supe que más gente pensaba como yo. Y oye, qué bonito.

E iba yo a la vuelta hablando y ha salido el tema, y he contado ese momento en el que me sentí identificada, viniéndome así, de repente, una sensación grata, una sensación de consciencia sobre cómo me sentí en aquel momento, una sensación de, pues eso, que qué bonito. Y me ha apetecido escribir esto. Y que lo de suprimir Historia de la Filosofía del temario no sé bien por qué será, si por capricho o por alguna razón de peso que desconozco, pero con todo esto quería yo decir que, si se suprime para no darnos a conocer distintos pensamientos filosóficos, para minar nuestras ideas críticas y subjetivas, repito: hay Filosofía a nuestro alrededor. Que aunque no la estudiemos, nosotros la creamos, y estoy segura de que más gente a parte de mí se ha sentido identificada con algún autor, pues está en nuestra racionalidad pensar, preguntarnos e intentar comprender el mundo en el que vivimos a base de ideas que nosotros mismos sugerimos. Y así, igual que Descartes decía "pienso, luego existo", yo digo: pienso, luego creo Filosofía.

Así pues, difícil es un mundo sin Filosofía, que, aunque la supriman como asignatura, no desaparecerá, pues nosotros, sin apenas darnos cuenta, conseguiremos que subsista.

viernes, 6 de junio de 2014

sábado, 24 de mayo de 2014

¡VIVA LA CHAMPIONS!

Y, ahora que he captado vuestra atención, os diré que aquí me hallo en este plácido -o no- día de sábado sin ganas de ver la Champions, que poco me interesa. Aunque lo que sí que me interesaría sería saber el pastizal que se han gastado para todo esto -que para algunas cosas sí que hay-. Bueno, al menos promueven el no-racismo (durante un minuto, por lo menos). Pero tranquilos, que a las Elecciones de mañana les tengo la misma gana. ¡Viva la Champions!

El caso es que, ya que no (en realidad, sí) tengo nada que hacer, he decidido escribir mi segunda crítica del profesor de Filosofía, y es que ha casi un año ya que escribí la primera y, si bien podría haber copiado, pegado y borrado la anterior, ni yo soy tan cutre como para plagiar (y menos a mí misma), ni aquí don Enrique es tan ingenuo como para caer. Y es que, pasado un curso entero, puede que ahora tenga una opinión distinta sobre él. En cambio, y sinceramente, no tengo nada nuevo que decir. Quizá no hayan sido clases tan entretenidas como el año pasado (al ser más clases a la semana y haberse dificultado el temario), pero claramente sigo prefiriendo su metodología ante la de otros tantos. La prefiero por esas historias que cuenta y que nos ayudan a comprender los distintos apartados, la prefiero por esas historias que cuenta a veces sin venir a cuento pero que resultan gratamente interesantes, la prefiero por todas esas humillaciones en público que tengo la suerte de no protagonizar. Y cuando ya se dijo todo una vez, ahora resulta difícil volver a comentarlo sin repetirse. ¿Qué puedo decir yo? Lo único que se me ocurre es rogar que el año que viene sea uno de mis profesores, pues algo me dice que, si no, Historia de la Filosofía será una masacre. Desgraciadamente, tengo entendido que el año que viene no hay nota de blog, que tal vez ha sido lo que más me ha gustado estos dos años, pues es una idea muy original el hecho de que nos permita expresarnos libremente y que se valore esa opinión. Porque no todos valoran tu opinión. Y, como el año que viene no creo que siga con esto, os pido que leáis mi crítica anterior -o no- y, esta vez sí, lloréis -o tampoco-.

Para acabar con todo este lloriqueo, y abrumada por el griterío de fondo, puntualizaré que con el "entretenidas" de antes no me refiero a que sus lecciones hayan sido un cachondeo (es más, un tono estricto se cierne siempre en el ambiente en un segundo plano), sino amenas en comparación con el resto. Y es por ello que echaré de menos estas clases - porque, aun por sus bromas, es totalmente respetado; porque, aun cuando el temario es difícil o tal vez no nos agrada, sigue siendo escuchado; porque, aunque nos quiera partir la cara, siempre saluda amablemente y siempre lo saludamos. Así que con este último artículo me despido diciendo, de nuevo, así como hace casi un año ya, que es usted un gran profesor, don Enrique P. Mesa García.

Pero ahora en serio, ¿qué significa la "P."?

viernes, 16 de mayo de 2014

ELECCIONES, WIKIPEDIA, LOS CIENTO Y LA MADRE

Profesor, amigos, compañeros y gente que me visita de por ahí, quizá esta sea la primera vez en todo el tiempo que tengo este blog que hago una búsqueda del tema a tratar: las Elecciones al Parlamento Europeo del 25 de Mayo. Y es que mis conocimientos en política son, no diré nulos, pero escasos. He intentado aprender, creedme, pero algo me impide recordar todo lo relacionado con el tema y, puesto que tengo que decir por qué sí o no votaría y por qué sí o no me interesa, ¿qué mejor excusa para decantarse por el "no" que alegar que se me olvida todo lo que aprendo en cuestión de poco tiempo? Pues, sinceramente, no hay excusa peor.

Durante mi búsqueda, he encontrado cosas interesantes, sí, no diré de qué partidos (que, como deduciréis, de pocos me acuerdo ya). Lo más sorprendente es que quizá de todos hubiera algo que llamara mi atención y me gustara, no sabría elegir uno por preferencia. ¿Y por qué es sorprendente?, os preguntaréis. Pues por el hecho de que, después de elegir un partido, la decadencia suele persistir (por estos lares, al menos); inmediatamente, la gente se manifiesta y se opone a que esas personas nos representen, y surgen nuevos partidos políticos en la oscuridad y, en cambio, seguimos eligiendo a los mismos que ya nos engañaron una vez -o varias- con su retórica. Y esto da qué pensar; nos hace pensar que alguno miente, que a la gente le puede el poder, que todos ellos prometen cosas que, en el fondo, saben que difícilmente podrán cumplir. Aunque no os estoy desvelando nada nuevo. Así que ahora tengo yo una pregunta para vosotros: si ni siquiera ellos saben lo que van a ser capaces de ofrecer al pueblo, a nosotros, ¿cómo vamos a ser nosotros capaces de elegir a quien nos represente, a uno de ellos? Miramos sus caras, expectantes, y pensamos "este o esta parece buena persona, quiero que me represente", y luego es un completo desastre. Y nos arrepentimos. Y lloramos por tener que esperar años hasta poder cambiar nuestra decisión. Y pensamos "debí elegir a tal, parecía tener las cosas más claras". Pero, ¿y si hubiéramos elegido a ese "tal"? ¿Acaso las cosas hubieran ido mejor? No, señores, porque ellos mienten, porque les puede el poder, porque prometen cosas que no podrán cumplir.

El caso es que os cuento todo esto desde mi profunda inexperiencia, pudiendo estar equivocada -o no-, aunque tampoco creo que vaya a ser yo la que cambie las cosas y os lleve por el buen camino. Y es por esto que, por un tiempo, me abstendré de votar, por lo menos hasta tener las ideas un poco más claras -u opciones de las cuales se haya comprobado su fiabilidad-.

Sin más dilación, buenas noches (o la hora a la que lo leáis) y buena suerte -decidiendo nuestro futuro-.

sábado, 22 de marzo de 2014

RAMAS A TUTIPLÉN

Aquí en España, a la "tierna" edad de trece o catorce años, nos proponen elegir una vía u otra para encarrilar nuestra vida a partir de los estudios. Cada uno de estos planes se basa en distintas asignaturas, y ahora he de explicar, dentro de lo que yo estudio, qué me gusta, qué no y por qué.

Como -supongo- la mayoría, tengo en mente distintos planes de futuro, sean más o menos realistas, que, aunque este artículo trate sobre mí y mis preferencias en los estudios, no os voy a contar -y que tampoco creo que os interesen-. Os contaré únicamente de lo que trata mi itinerario y por qué me gusta (sí, me gusta, por algo lo escogí).

Que yo recuerde, siempre he tenido predilección por las matemáticas y cierta aversión hacia las letras (no hacia todo, por supuesto), por lo tanto estaba claro que me iba a ir por ciencias. A su vez, siempre me ha gustado dibujar y, aunque Biología en tercero resultó fácil e interesante, el hecho de pensar que habría de estudiar 'bichos', enfermedades y demás no me hacía gracia (aunque CMC no sea del todo distinto). Por lo tanto, he aquí mi elección: Ciencias y Tecnología, por la rama de Dibujo Técnico. Ya que he nombrado la asignatura de CMC (Ciencias del Mundo Contemporáneo), empezaré por ahí. Ésta es una asignatura común a todos los itinerarios, por lo que ni siquiera la gente de letras, que por alguna razón se habrá ido de ciencias, se libra de ella. Con respecto a mí, supongo que es una asignatura interesante, el tema del Universo fue fascinante. En cambio, como ya he dicho, lo de estudiar enfermedades no es para mí; así que deseadme suerte, que en unos meses la necesitaré.

Seguiré con el resto de asignaturas comunes a todos: Lengua y Literatura, Filosofía, Inglés y Educación Física. Empezaremos, pues, con Lengua y Literatura. Esta asignatura está, obviamente, más ligada con los itinerarios de letras pero, al ser cultura general, es común para todos. Y a mí lo que me gusta de ella es, precisamente, lo que no tiene que ver con la cultura general y que mucha gente odia porque no le ven utilidad: la sintaxis. Y el caso es que quizá me guste porque son unas reglas fijas, automáticas y comunes para todos, al contrario que la Literatura, donde en el análisis de textos cada persona tiene una idea distinta y la mía, casualmente, suele ser siempre errónea. Por cosas como ésta -a causa de la horrible comprensión lectora que considero tener- y que la Literatura me resulta un poco pesada (aunque admito que a veces encuentro cosas interesantes), la asignatura no es una de mis predilectas. La siguiente es Filosofía, la cual aun siendo interesante y productiva consigue enmarañarme los pensamientos de gran manera con todas las teorías que existen para cada tema. Seguimos con Inglés, hacia la que no tengo ninguna objeción, puesto que, aunque los idiomas sean más de letras, me gustan en general, y considero esta asignatura una de mis favoritas. Por último está Educación Física; sí, el deporte es cansado y soy una de las personas a las que más cansa de por aquí, pero esto no significa que no me guste, claro que hay muchas cosas que hacemos que me gustan. No es mi culpa resultar patética al realizar la mayoría de las actividades físicas que propone la asignatura. Lo juro.

Y ahora me quedan las asignaturas que conforman mi itinerario (junto con la optativa) y que, por lo tanto, me tendrían que gustar: Matemáticas, Física y Química, Dibujo Técnico y Ampliación de Inglés. Como ya he dicho, siempre me han gustado las matemáticas, así que ¿para qué pararme a decir lo mismo otra vez? Comencemos con Física y Química: esta asignatura se divide en dos partes, luego hablaré de cada una por separado. Si quiero hacer algo relacionado con el Dibujo Técnico, la Física es esencial -mayoritariamente- y, aunque al principio resulte confusa, con el tiempo se coge el ritmo y sale fácil (repito, con el tiempo). La considero una asignatura neutra, que ni me emociona ni me disgusta. Por otra parte, este año he comenzado pensando que prefería la Química porque me gusta la formulación, hasta que recordé que había más cosas que formulación igual de confusas -pero comprensibles- que en Física, por lo que también la considero neutra. La siguiente asignatura es Dibujo Técnico, asignatura central en mi itinerario, así que obviamente me interesa y me gusta. Y finalmente tengo Ampliación de Inglés, la cual no ha resultado exactamente como yo pensé que sería, pero puede resultar útil.

Éstas son mis asignaturas en su totalidad con una breve opinión sobre cada una. Si os digo la verdad, no sé a cuento de qué viene este artículo, quizá debamos conocernos más y saber si estamos en el itinerario correcto con respecto a nuestros gustos y posibilidades. Así que, helo aquí (qué bonito es explayarse).

sábado, 8 de marzo de 2014

"Tienes un 'no sé qué' y un 'qué sé yo'..." QUE YA NO SÉ NI LO QUE ES

Si bien mucha gente afirma que tenemos algo, eso que nos hace transmitir lo que transmitimos, alma, otra tanta concluye con que no son más que cavilaciones y que no hay nada más que un cuerpo que nos defina. Y, si en tanto tiempo no han llegado a una conclusión, me gustaría saber qué hago yo proponiendo cualquier teoría -todo sea por difundir mi inexistente sabiduría-.

Bueno, ¿y ahora qué? ¿Hay alma o no hay alma? Venga, ¡hay alma! Hay alma. ¿Por qué? Resulta difícil llegar a ninguna conclusión, por lo que me basaré en algún que otro ejemplo que consiga sacarme del paso.

Una característica del ser humano, el único -supuesto- ser vivo con alma, es la gran expresividad de algo tan pequeño como pueden ser nuestros ojos. La mirada, más bien. ¿Habéis mirado alguna vez a alguien y habéis sabido lo que piensa o cómo se siente? ¿Habéis tenido alguna vez una "conversación" con la mirada, de ésas en las que el propósito es evitar decir nada porque, quizá, el momento lo impida? Claro, todos hemos sabido cosas de ésas o tenido conversaciones así. Y la única razón que se me ocurre para esto es que de verdad haya algo que transmita más de lo que lo material puede llegar a transmitir. ¿Acaso sabéis cómo se sienten un pez o una iguana al mirarlos a los ojos? Si lo sabéis, siento deciros que estáis un tanto equivocados. Y el caso es que puedo ser yo la equivocada y tal vez haya quien venga y me rebata el argumento diciendo algo como "esto de la mirada es por tal y Pascual". Puede, aunque resulta plausible.

¡Más ejemplos! Si alguna vez habéis estado en alguna actuación de cualquier cosa, ya sea de teatro o baile o canto -o incluso si sólo estáis leyendo-, lo que se os pueda llegar a ocurrir, os habréis dado cuenta de que la principal finalidad es emocionar a la gente, que sientan lo que siente la otra persona en cuestión. Pongamos que lo consiguen. ¿Sabéis esa cara de estar en Babia que se le queda a uno cuando está tan pendiente de algo, y lo siente de tal manera, que ni siquiera se da cuenta de lo estúpido que parece con la boca abierta? Supongo que todos hemos experimentado eso alguna vez. Y, si no lo habéis hecho, ya estáis tardando. Y en ese momento no piensas, tu mente se ha evadido; así que, por lo que a mí respecta, algo que no es el cuerpo es lo que se encarga de que muestres tus verdaderas emociones y quedes ridículo ante los demás. Pero una ridiculez bonita, eh, que significa que la actuación ha conseguido su cometido. Y, a su vez, algo ha de haber para que esa gente haya conseguido transmitir sus emociones.

Es por todas estas cosas que sí, pienso que hay algo, y que ese algo es el alma.

Por último, aclararé lo del supuesto único ser vivo con alma (en el primer ejemplo), y es que no creo que los monos antes de evolucionar conversaran con la mirada, siendo capaces dos de entenderse sin que el resto se enterara, o se transmitieran emociones unos a otros. Y luego evolucionaron. Y lo consiguieron. ¿Por qué no fue algún otro animal el que llegó hasta donde estamos nosotros ahora? E imaginemos que hubiera sido otro animal. Sería, pues, ese nuevo ser el que tuviera ese algo, ese alma. Por lo tanto, ¿y si todos los animales tienen alma, por muy oculta que esté? Hala, cobardes, atreveos a responderme (aunque tampoco hace falta... Era por adornar el final).

sábado, 8 de febrero de 2014

¡RECOMPENSAS PARA TODOS (y otras ideas que no funcionan)!

La mayoría de la gente que suspende tiende a echarle la culpa al profesor o a la profesora. Pues bien, habremos entonces de buscar algún método infalible para enseñar y que así la culpa no vuelva a ser de quien enseña, y, por lo tanto, nadie suspenda -si de verdad el fallo es de otros-.

Para buscar la manera más eficaz, nos basaremos en los distintos factores que afectan al aprendizaje. Comenzaremos tratando el conductismo: obtener una recompensa por hacer algo bien, en este caso, sacar buenas notas por estudiar. Empecemos.

Puesto que siempre la última recompensa ha sido aprobar y/o sacar buena nota y, en cambio, la gente sigue suspendiendo, deberíamos haber sospechado desde hace tiempo que esa no es motivación suficiente para muchas de las personas. Que lo debería ser. Pero no lo es. Y aquí estamos para que aprueben todos, así que a buscar más técnicas y más premios que saquen adelante a esta sociedad. Por lo tanto, si aprobar no es la recompensa, ¿qué lo es? Antes de llegar a ninguna conclusión, desengañaos, a la mayoría ya no nos mueve eso de "venga, ¡a quien salga le pongo un positivo!". Ya no hay gritos de euforia, si es lo que esperabais. Y no funciona porque es voluntario, porque nos volvemos cada vez más sedentarios y conformistas. Y si no funciona por ser voluntario, habrá que hacer algo que sea obligatorio. Y aquí encontramos los negativos y las notas de clase. No tendrían por qué ser diarios, claro, a ver quién aguanta preguntar a treinta y pico alumnos salvajes día sí, día también. Por el contrario, esto sí condiciona a tener todavía peor nota si no se hace lo mandado. ¿Y por qué habría de funcionar esto y no el hecho de suspender la asignatura directamente? Quién sabe, el caso es que funciona. Quizá decir en alto que se ha hecho algo mal intimide más.

Otra recompensa que no funciona es ceder ante los alumnos. Si cedéis una vez, ¿por qué no vais a ceder otras treinta? Y eso nosotros lo sabemos. Y eso vosotros lo sabéis. Y, si cedéis, está claro que no vamos a llegar a ninguna parte. Pero cuidado, que esto no es el ejército, y gritar nos alienta todavía menos. Para ello deberíamos buscar un punto medio, y aquí entra la imitación. Si se realiza una clase amena -que no cede ante ningún alumno- y se consigue una forma de enganchar a la clase, todo el mundo acabará interesado sin ningún motivo para intentar cortar la lección. ¿Y cómo se engancha a la clase?, os preguntaréis. No es tarea fácil, primer aviso. Segundo aviso, si veis demasiadas caras de tedio entre la multitud, habría que replantearse cambiar el método. Seguidamente, no se ha de agobiar o avasallar a los alumnos con preguntas, dudas, ejercicios, temario, más preguntas, más dudas, más ejercicios, más temario y más dudas que serán demasiadas como para seguir intentando buscarles respuesta. Y, finalmente, habrá que dar clase, que ha habido demasiados casos en los que el profesor o la profesora se ha ido por ramas que nada tenían que ver.

Para finalizar, siguiendo el método constructivo, la mejor forma de recordar lo que se da en clase sería a través de una forma significativa, es decir, explicando cada tema relacionándolo con algo con lo que estemos más familiarizados, ya que supongo que a nadie le gusta que le cuenten todo lo que ha de saber de seguido, que tenga que apuntarlo todo a la vez que explican eso y más, y luego como añadido tener que aprendérselo teniendo como único recuerdo lo monótono que fue ese día -que sí, que a clase no se va a montar fiestas, pero tened un poco de piedad-.

En conclusión, necesitamos una clase amena que, indirectamente, nos obligue a hacer nuestro trabajo y que, de alguna forma u otra, relacionemos con otras cosas que consigan que enganchemos más fácilmente lo que se ha enseñado.

Sea como fuere, todos sabemos que, si la gente no tiene ganas de por sí de aprender, nadie les hará cambiar de opinión. Por consiguiente, a lo mejor todo esto no sirve para mucho. Pero bueno, yo, por si acaso, lo intento.

lunes, 18 de noviembre de 2013

FELICIDAD II: EL RETORNO (a lo Batman)

De nuevo, se ha de reflexionar sobre la felicidad. Recordemos las conclusiones del artículo anterior: no hay una felicidad predeterminada para todos, nuestra felicidad no depende sólo de nosotros mismos, sino también del entorno que nos rodea, y la felicidad perfecta resulta inexistente. En cambio, ahora trataremos la felicidad como algo abstracto (tal y como es, basada sólo en el pensamiento y no en cualquier elemento material) y -supuestamente- alcanzable.

"¿Es preferente el pensamiento racional o el pensamiento mítico? ¿Qué me hará más feliz? ¿Sólo uno de ellos podrá hacerme feliz o quizá ambos me aporten cosas diferentes con las que conseguir aumentar mi felicidad? ¿Y si, por el contrario, ninguno de los dos me hace feliz? ¿Seré más feliz si reflexiono o reflexionaré mejor siendo más feliz?" Éstas son las cuestiones propuestas que he de plantear y hemos de reflexionar. Comencemos, pues.

Ambos pensamientos pretenden que consigamos comprender el mundo: qué ocurre y por qué se dan esos hechos. En cambio, lo pretenden de formas un tanto diferentes; mientras que el pensamiento mítico explica basándose en un mundo trascendental y no usa razonamiento alguno, el pensamiento racional explica de forma argumentada el mundo inmanente con hechos que se dan en este mismo mundo. A mi parecer -y, por lo tanto, sin afirmar que sea cierto-, con los dos pensamientos podemos llegar a ser felices, puesto que, si el problema que nos carcomía (el comprender la realidad) se ha solucionado de cualquiera de las dos formas, podremos estar en paz. Supongo que todos pensáis que lo más lógico es vivir del pensamiento racional, que es lo que nos puede hacer más felices, ya que es la manera más razonable de entender las cosas; por el contrario, imaginaos que todo lo que nos cuentan, en realidad -y viva la redundancia-, es mentira. ¿Qué pasaría entonces? ¿Qué pasaría si, ciertamente, todo lo que sabemos es sólo algo (cuentos únicamente un poco más enrevesados que las historias trascendentales) que nos han inculcado para intentar comprender una realidad incomprensible? No podemos asegurar que el raciocinio sea más válido porque, al igual que pensamos que los mitos son un sinsentido, aquéllos que creen en mitos pueden pensar lo mismo de la razón. Por lo tanto, ambos pensamientos te pueden ayudar a ser feliz siempre y cuando te faciliten la comprensión del mundo.

(Nota: no, no pienso que nos estén engañando, tan sólo me procuraba apoyar en la ejemplificación. Yo también confío en el pensamiento racional.)

Finalmente, nos hemos de cuestionar si la reflexión nos lleva a algún lado. Podría afirmar que todos reflexionamos alguna que otra vez en la vida, ya sea sobre temas banales o temas totalmente complejos sobre los que no delibera todo el mundo. Es decir, seas feliz o no, vas a reflexionar (confío en que nadie tenga en verdad la mente en blanco). En cambio, la constante reflexión sobre distintos temas, por feliz que te pueda hacer, puede enmarañarte completamente la cabeza de problemas a los que no les encuentras solución. Así que, quizá, sea conveniente descansar de cuando en cuando de toda esta especulación.

Volviendo al principio, recordemos que la felicidad era tratada como algo supuestamente alcanzable. Por lo tanto, lectores ingenuos, volvamos a la realidad -y, esta vez, a la verdadera- y reconozcamos que, por muy cerca que veamos la felicidad, ésta siempre resultará un tanto escurridiza.

sábado, 26 de octubre de 2013

TODO TIENE SU PORQUÉ

No hay nadie en este mundo que no haya pasado por esa etapa de su vida (o que no la vaya a pasar) en la que, al preguntarle acerca de por qué hace ciertas acciones en su vida diaria, no haya respondido con un "no sé". Esos niños que están sentados... callados... tranquilos... que te miran con una sonrisa bondadosa... que simulan no planear nada... Sí, esos son los que "no saben nada". En la mayoría de los casos, eso del "no sé" llega hasta la adolescencia, pero, en la etapa adulta, todos esperamos haber madurado más que eso.

"Y ¿a qué viene todo esto?", os preguntaréis con ansia (y aunque así no sea, seguid leyendo. Por caridad, al menos). Pues bien, todo esto nos lleva a una de las preguntas más comunes en esta vida que, hasta que no te la formulan, obviabas su existencia: "¿y tú por qué estudias?".

La primera vez que se espera que una persona oiga esa pregunta es esa vez en la que, nada más comprenderla, levanta las manitas, se encoje de hombros, pone carita inocente y suelta un dulce "no sé". Volvemos a los niños que "no saben nada". Si bien, no todos contestan eso, hay algunos que se lo curran y contestan que los han traído sus madres. O padres. O quien sea que os llevara al colegio. Esta segunda opción, con el paso del tiempo, se transformará en el conocido "porque me obligan", que será utilizado por la mayoría hasta mediados de la educación secundaria (así, a ojo).

Supongo que la respuesta más acertada llega cuando ya se adquiere mayor grado de madurez y uno responde "para tener un trabajo". Quizá haya quien piense que estudia para tener una formación y cierta cultura, pero la gente prefiere seguir siempre el mismo patrón. Porque, sí, es verdad, cuanto más estudies, a mejor trabajo podrás optar y mejor vida podrás tener (se rumorea. Luego está el fenómeno del famoso, donde te encuentras a mucho burro suelto). Así que estamos de acuerdo en que la conclusión final de los estudiantes es que van a las clases (lo de estudiar ya parece opcional) para optar a un futuro mejor.

Busquemos más a fondo entre toda esta maraña de excusas: ya hemos conseguido saber por qué la gente (con suerte) estudia, pero ¿por qué deberíamos estudiar? He aquí mi conclusión: -tras haber sido obligados durante años- por mero deseo de tener conocimientos. Claro está que, por mucho que ésa sea la razón del estudio, siempre hay un tanto por ciento de las clases en las que la mente se disipa y comienza a enunciar cuestiones tales como "¿qué haré esta tarde?" o "¿qué habrá hoy de comer?" (porque, venga, no creo ser la única a la que le entra el hambre cuando el tedio gana). Pero, aunque no piense que el hecho de querer adquirir conocimientos sea la razón que empuje a la mayoría, sí pienso que debería ser una de las principales razones, nadie sabe cuántos temas fascinantes se estará perdiendo.

Así que ya sabéis, promoved la especulación (sana. Sálvame, no. Wikipedia).

martes, 22 de octubre de 2013

CATALUNYA ES TRASLLADA (que se muda, vamos)

El otro día vi un programa en el que se enfrentaban dos familias un tanto diferentes: una familia española, nacionalista y cristiana, y una familia catalana, independentista y homosexual (de primeras, todos vemos la guerra que se avecinaba por momentos). Pues bien, no diré estar en contra de la independencia catalana, supongo que ya son mayores para hacer lo que quieran. Es más, mirad a la pequeña Andorra, entre dos importantes países, tan pequeña y sin completa cabida en la Unión Europea... Pero ahí está, y ahí va a seguir. Y hablan catalán. Oye, y ¿quién nos dice que Cataluña no se separa para aliarse con Andorra? Bueno, cabe como posibilidad. Lo iremos debatiendo.

A lo que iba: no estoy en contra de la independencia; si se mantienen como Estado, pues mira qué bien. Lo que no es plausible es una guerra entre ambas partes (España y Cataluña), que ya bastantes problemas hay aquí como para buscarnos más; no admitiría confrontaciones por parte de Cataluña por creerse mejor y por eso irse, ni de España por creerse "lo más" y obligarlos a quedarse (lo cual fue lo que me transmitió el programa ya mencionado). Porque, presumir, ¿de qué? Hay crisis, hay paro, hay bajos salarios, hay huelgas, hay políticos -quizá me habría de abstener de decir "incompetentes"- incompetentes, etc. Pero, bueno, hay tortilla... y paella... No está mal. Aquí, el que presume, presume de lo que quiere.

Finalmente, concluiré decidiendo estar a favor de la independencia catalana (y luego ya ellos que se apañen), siempre y cuando no haya disputas que nos acarreen más dolor de cabeza, que ya bastante tenemos con lo que hay.

sábado, 8 de junio de 2013

UNA FOTOFILO PROPIA





"Encuentra las siete diferencias."


MI CRÍTICA CONSTRUCTIVA Y YO

Siendo lo más franca que he intentado ser en todos mis artículos (los que pronto ya acabarán. No lloréis, quizá el año que viene vuelva), diré que, al ver la matrícula, pensé “oh, no, ética. Debe de ser una asignatura similar a Educación a la Ciudadanía. Ya veremos qué nos deparará…” con gran pesadumbre.

En cambio, llegué a cuarto de la ESO. Y llegó el profesor de ética. En un principio, el plan B que propuso me dio cierto temor. Por suerte, fue guardado en el baúl de los recuerdos. Al contrario de todo lo que pude pensar, la asignatura de ética ha sido de aquéllas que más amenas se me han hecho, por no decir la que más, y todo gracias a la técnica que el profesor tiene de enseñar.

En la mayoría de asignaturas, la mayor parte de los profesores explican lo que ya te dicen en el libro, otros tantos empiezan a explicar y se van por las ramas (por lo que una desconecta y sale de la clase sin haber sacado nada en claro), y otros muchos explican por encima y se centran en ejercicios que difícilmente se entienden sin la correcta explicación. En cambio, aquí, Don Enrique P. Mesa García ha demostrado que una clase puede ser entretenida a la vez que educativa, ya que los alumnos hemos sido siempre partícipes -con gusto- en sus clases.  Cierto es que muchas de las cosas que ha explicado (tales como los multiversos o los descubrimientos que ciertos navegantes hicieron) desentonaban con el tema a tratar. De todas formas, gracias a esa forma de explicar, muchas de las cosas que no tenían que ver y que yo desconocía me han despertado interés.

Porque durante todo el curso ha sido terminar el viernes a última hora (bonita forma de acabar la semana, sinceramente) e ir el camino a casa comentando todas las cosas que se habían nombrado en clase, tales como el hecho de no poder superar la velocidad de la luz. Y así te quedabas todo el fin de semana pensando en cómo eran posibles cada una de las cosas que te habían contado el viernes a última hora. Y, creedme, no he sido yo la única.

Esto de tener a los alumnos pensando una y otra vez en todos esos datos curiosos no lo consigue cualquier profesor. Por lo tanto, mi crítica resulta bastante positiva, ya que el temario está dado y de forma bastante fácil de comprender, a la par que nos ha mostrado diversos mundos que desconocíamos. Le doy un 9. Es usted un gran profesor.

martes, 23 de abril de 2013

FELICIDAD...

“[…] es saber que mis sueños ya tienen dueño; […] es vivir el cariño como los niños, la felicidad”

¿Alguien sabe qué es realmente la felicidad? No, mejor: ¿alguien se lo ha planteado alguna vez? No sé si yo alguna vez lo hubiera intentado definir si no hubiera sido por este trabajo, pero, bueno, habrá que intentarlo.

Sinceramente, no creo que exista una felicidad predeterminada para todos, ya sabéis: “para gustos, los colores”. Supongo que cada cual es feliz con distintas cosas, muchos dicen que serían felices si les tocara la lotería… Muy poco materialistas, ellos. Sí, el dinero ayuda, ¿no? Pero yo destacaría otros aspectos que me parecen más esenciales que ganar x euros, los cuales son: familia, amigos, amor y el conseguir las metas que uno se proponga en la vida (sobreentendiéndose la necesidad de ciertos recursos, víveres, salud,… y demás cosas que me pareció comprensible obviar).

Siguiendo estos cuatro aspectos, no os voy a decir cuán feliz soy porque tampoco os interesa, sino que intentaré argumentar por qué considero ésta mi felicidad verdadera.

Vale, pequeños consumistas, imaginemos que os toca la lotería: “¡oh, sí! ¡Qué feliz soy, he ganado muchos millones de euros, soy asquerosamente rico! Voy a comprarme un coche, una moto, una casa, un perro, dos, tres, cuatro, un yate, un jet, un campo de fútbol y -quizá me haya ido ya del presupuesto- la granja de Pin y Pon”. Hasta aquí todos vosotros felices de la vida. Venga, sonreíd, que tenéis un yate.

Tras esto, imaginad que os encontráis solos, que no tenéis con quien compartir todo esto, y pensáis que así mejor, que lo vuestro es sólo vuestro, y ya. Y aun pensando esto, la soledad llega. De un momento a otro, añoraréis incluso al típico vecino molesto que en cualquier residencia se puede hallar.

Ahora imaginad que tenéis unos años más,  que os habéis independizado y tenéis casa propia, trabajo, hipoteca a largo plazo e ilusión. Ahora imaginad que os han echado del trabajo, que la casa tiene desperfectos, que la hipoteca os inunda y que, por tanto, la ilusión ha decidido marcharse por donde ha venido. ¿Qué hacéis? ¿Créditos? ¿Queréis un crédito? No, no, el banco no os va a ayudar. ¿Qué hacéis? ¿Qué haríais sin vuestra familia, sin vuestros amigos, sin vuestro amor? Porque se supone que ellos estarán ahí para los problemas que os surjan, para echaros una mano como buenos aspectos que forman parte de vuestra felicidad.

Y, sí, quedan las metas cumplidas. Pienso que una de vuestras metas debería ser trabajar en aquello que os satisfaga, ¿no? Así que, si se cumple, ¡poof!, “lotería”. Quizá no tanto dinero, pero mientras os haga felices…

Y bien, ahora, ¿existe una felicidad falsa? Sí, probablemente. Aquí van mis ejemplos: la gente puede ser muy mala, los “amigos” pueden serlo. ¿Y si fueras tras tus amigos una y otra y otra y otra y otra y otra vez, creyendo que eres feliz con ellos, mientras sólo te utilizan como a un pelele más? Ahí la felicidad es falsa, porque te hacen daño, pero te da igual. Te da igual porque no te das cuenta. O sí, o sí te das cuenta pero haces caso omiso al pensar que sin ellos estarás peor… Craso error.

Segundo -y abundante- ejemplo: las relaciones malsanas. Estar con alguien que no te hace bien, que se aprovecha de ti, que se ríe de tu desgracia (de esa desgracia que esa persona en sí ha provocado) y a quien tanto quieres es una relación malsana. Totalmente. Y es que sólo te consideras feliz por estar con la persona a la que realmente amas -o crees amar, claro que todo esto de cuándo se quiere/ama a alguien o no es relativo-. Pero, no, no lo eres. Viviendo humillado no considero posible el poder vivir feliz.

Y, finalmente, hablemos de la felicidad perfecta… No hay. Fin. Sí, sí, no hay. El mundo está mal hecho, no es perfecto, vamos, seguramente no lo sea. Nada es perfecto. Entonces, ¿por qué la felicidad lo iba a ser? ILUSOS.

Hala, a intentar ser felices. Suerte.

jueves, 28 de febrero de 2013

LA ACOGIDA

Hay mucha gente desgraciada en este mundo, unos más que otros, y, aquéllos a los que les ofrecen el mundo entero, resultan ser los que más se quejan.
 
Y ahí estaba él, un niño ligeramente mimado, al que le daban todo lo que pedía y del cual el nombre no nos resulta información sustancial. Porque a cada nuevo día que llegaba, nueva queja le aparecía, y todo eran cosas mínimas. Quizá un día no le gustaba cómo le quedaba el pelo, quizá al siguiente se le había quedado el móvil sin batería. Y es que todo eran quejas sin sentido de las que hacía unos grandes problemas.
 
Y, un día, en una de sus quejas grandiosas, esta vez, porque el bocadillo que le acababan de vender tenía unos mililitros más de mayonesa de la que él quería -sí, “ligeramente” mimado-, un chico lo llamó, justo al ir a tirarlo. El chico estaba muy delgado, aparentaba ser de su edad, parecía estar hambriento, muy hambriento, y, sí, lo estaba. En sus ojos se veía el dolor de la calle, de la soledad, de un duro sufrimiento que resultó ser el padecimiento de numerosos e inacabables años.
 
Al ver que nuestro protagonista quería tirar tan valiosa comida, fue a pedírsela tan amablemente como pudo. Él, tal y como le fue enseñado, hizo caso omiso de alguien a un nivel “inferior” al suyo y tiró la comida. El mendigo, desfalleciendo, le echó una última mirada de pena -que en años no volvería a ver- sin enfadarse, porque apenas le quedaban fuerzas para ello.
 
Tras un año y poco tiempo más, el “aristócrata” sí tenía de qué quejarse. Y lo hizo. Tras un negocio fallido de su madre y un fraude por parte de su padre, quedaron endeudados. No había posibilidad alguna de escapar de la deuda, estaba todo perdido, todo embargado, los padres en la cárcel y el chico en un orfelinato.
 
Él se mostraba agresivo ante todo y ante todos, su mentalidad le hacía creer que estaba posicionado a un nivel superior, y que el resto debía servirle. Todo lo consideraba malo para sí, algo “cutre” a lo que él jamás se rebajaría. Pasaban los días y cada vez se ponía más nervioso. Pasaban los días y cada vez los trabajadores tenían menos esperanza en él.
 
Y, en una de estas, escapó. Corrió de noche, quizá fueran las dos de la madrugada, quizá las cinco. Nadie lo supo, nadie se dio cuenta, pero, a la par, a nadie le importó. ¿Lo buscaron? Sí. ¿Lo añoraron? No. Ahí todos fueron una gran familia, excepto él, quien, durante cinco largos e interminables meses, se convirtió en la oveja negra del conjunto.
 
En una de las noches en las que vagaba por su antigua ciudad, llegó al mismo lugar en el que estuvo un tiempo atrás, aquél en el que encontró a un chaval que se encontraba en la misma situación en la que estaba él en ese momento, aquel chaval del que hizo caso omiso.
 
Y, al rato, salió alguien de la tienda con un bocadillo. Del hambre que tenía, comprendió que debía rebajarse e ir a pedir comida en algún lado. Así que se acercó a aquél que salió de la tienda. Era el chaval, aquel chaval del que hizo caso omiso. Ya no había pena en sus ojos, era alguien nuevo. Ya no parecía hambriento, digamos que era un señorito. Pero la humildad seguía en su interior. Nuestro protagonista lo recordaba; recordaba su rostro, en otro tiempo, hambriento; recordaba su mirada, en otro tiempo, de pena; recordaba que él no le cedió su comida. El chico, sí.
 
El chico también lo recordaba; recordaba el momento en el que tiró su bocadillo; recordaba que, segundos después, comenzó a reír. Pero no le importó. Él sabía su situación, él vivió esa situación, y dio gracias por siempre por la oportunidad que se le brindó tres meses antes, cuando una pareja con dos hijos pequeños lo acogió como buena obra. Y, así, le pidió que lo acompañara hasta su casa. No podía darle la vida que tenía antes, la vida que deseaba, pero podía darle un hogar.
 
Y llegaron. Se pararon frente a una gran casa azul con una bonita valla blanca. Nuestro aristócrata quedó impresionado ante los marcos de las ventanas, ante la majestuosidad con la que había sido construida la casa, ante el amplio y cuidado jardín que se abría por detrás…
 
Quedó tan impresionado como el primer día que la vio, cuando sus padres la compraron nueve años atrás.
 
Al entrar, los padres adoptivos no discutieron nada, no preguntaron, ni se extrañaron. Sólo sonrieron y dijeron: “bienvenido”.
 
NOTA: los valores morales que pretendo mostrar son: la solidaridad y la empatía. Éstos se muestran en los párrafos número nueve y número diez; empatía, cuando se apiada del protagonista y siente lo que él, y lo que él mismo sintió tiempo atrás; solidaridad, cuando le ayuda a adentrarse en una nueva vida, cuando lo acoge para poder volver a empezar y olvidar el suplicio vivido en las calles.

viernes, 1 de febrero de 2013

TRADICIONES PARA TODOS

Hay tantas tradiciones de tantas culturas distintas que podemos encontrar en el mundo… Miles de tradiciones conocidas y sin conocer, aceptadas y sin aceptar, comprendidas y sin comprender. Y aquí va la reflexión de hoy que atañe a todo esto: ¿deben aceptarse cada una de las tradiciones que vayamos a encontrar? Vale. Por mi parte, procuro respetar las tradiciones de cada cual, puesto que no soy quién para juzgar las costumbres que cada uno tiene. Claro está que no todas las entiendo, que incluso me puedan resultar totalmente inmorales, pero, si quiero que respeten mis tradiciones, deberé respetar yo las del resto (siempre y cuando no infrinjan la ley en ningún lugar. Todos de acuerdo en esto, ¿no? Y ahora es cuando todos decís “síííí” al unísono).

Sigamos con un ejemplo: aquí, en España, hay una tradición muy típica con la que cualquiera nos relaciona, una tradición que desde hace mucho tiempo es practicada y que yo aborrezco inmensamente. Esto son las corridas de toros. “Qué guay… Soy un torero que mata toros, y me da igual mi vida porque me vitorean. ¡Qué guay…!”. Ya. A la inmensa mayoría de españoles les parece algo normal, incluso divertido. Pero, si vamos a algún lugar recóndito que desconozca completamente todo esto, es muy probable que no entiendan la gracia de la tradición y que no la acepten, al igual que un español amante de las corridas de toros no aceptaría ni comprendería sus tradiciones.

Con todo esto, quiero llegar a la conclusión de que, según nuestro entorno y lo que nos haya sido inculcado, cada uno tiene sus propias tradiciones y su propia definición de “costumbre moral”, y quiere que esas costumbres sean aceptadas. Por lo tanto, sí, dentro de lo que cabe, habría que respetar las tradiciones del resto al igual que ellos deben respetar  las nuestras.

jueves, 22 de noviembre de 2012

¿SER O NO SER... RACISTA?


El racismo es un pensamiento que se halla en todo el mundo, en mucha gente. Ese pensamiento realiza distinciones entre la gente proveniente de otras zonas del mundo y, por consiguiente, de otras culturas y costumbres.
 
Puesto que yo no soy quién para decidir qué debéis o no ser, no responderé a la pregunta del título. En cambio de eso, argumentaré mis razones por las que prefiero no ser racista.

Pienso que la gente con esa mentalidad se siente superior a las otras personas, que piensan que su cultura y sus costumbres son las que valen y el resto debe acatarlas. Aunque puede que no sea así, yo no lo sé, y no pretendo ofender a nadie con todo esto.

Al tema: no pienso que haya nadie superior o inferior al resto, o mejor o peor, pero prefiero considerar “mejor” a aquél con una mentalidad de igualdad, de “modestia”. Pienso que a esa gente a la que menosprecian por su condición puede ser mucho mejor persona que el mismo que está menospreciando, puesto que no se debe juzgar por la apariencia.

De todas formas, todos tienen su derecho a libre opinión y pensamiento. Sin embargo, acabaré por decir que no entiendo esto del racismo. Entre los perros hay muchas razas. Entre los gatos hay muchas razas. Y entre los distintos tipos de aves y, probablemente, el resto de animales también. ¿Y entre nosotros? No, definitivamente no lo entiendo. ¿Distinción de razas? ¿Qué razas? Yo sólo veo una, y ésa es la del ser humano.

domingo, 14 de octubre de 2012

CRISIS, RECORTES Y DEMÁS INCONGRUENCIAS

Para empezar, no os voy a definir qué es la crisis, ni a deciros cuándo empezó o por qué, puesto que, si estáis leyendo esto, perfectamente sabréis buscarlo en Internet.

En vez de todo esto, os diré cómo la veo yo. Yo veo lo crisis como un gran agujero negro, un agujero negro en el que todos caemos, tarde o temprano. Incluso aquéllos encargados de agrandarlo, aquéllos que se creen que recortando se arreglan las cosas...

Hoy por hoy, poca gente habrá que no esté enterada de la situación económica, me atrevería a decir, mundial tan mala en la que nos encontramos. Y de esa gente, poca habrá que no esté siendo afectada.

Sinceramente, siento vergüenza sobre el trabajo que se está realizando por intentar parar la crisis. Primero, por los métodos utilizados. Segundo, por la horrible efectividad de dichos métodos. Más que pararla, la aumentan.

¿De verdad es necesario el recorte en áreas tan indispensables?

No hace mucho tiempo, cierta figura política tuvo que retirarse por problemas de salud. No creo que fuera ni la primera ni la última que tuvo que hacerlo. Entonces, ¿en serio es necesario recortar en sanidad?

Un escritor mencionó en su libro que le parecía indignante que los políticos no supieran hablar inglés, aun teniendo traductores. Aunque, a este paso, dejará de haberlos. Así que, ¿de veras es necesario recortar en educación?

Podemos decir que estos políticos ya han caído en este agujero negro al que llamamos "crisis". A dichas personas se las paga por realizar su trabajo debidamente, y en él se encuentra sacarnos de todo esto.

Pues bien, estamos pagando millones a personas que no hacen su trabajo. En mi opinión, no les haría daño un recorte en su sueldo, en vez de en áreas vitales. De esta forma, ni a ellos se les subiría el dinero a la cabeza, ni a nosotros se nos iría de las manos.

Pero todos sabemos que manda aquél que tiene el poder, y a pocos les haría gracia eso de recortar en su propio sueldo… Así que, por el momento, habrá que seguir esperando a quien pueda sacarnos de toda esta pantomima.